TALENTO

¿Por qué será que cuando escribo la palabra “talento” me vienen a la cabeza (al menos ahora) personas que no lo tienen? Bah, en realidad no es que no tengan talento, sino que lo tienen para las más extrañas otras cosas…

Pero el talento real, ese del que habla la Real Academia de la Lengua ese que hace alguien destaque en una determinada ocupación o el desempeño  de su trabajo, es ese del que quería decir tres cosas…

Porque supongo que no es tan fácil de ver a diario y cuando lo ves, cuando lo lees por partida doble como me ha pasado a mí la semana pasada, no puedo más que comentarlo. Compartirlo.

Me pasó al ver la exposición de Alejandro Cortez, ex alumno y ahora amigo. Ver sus fotos te traslada automáticamente porque es pura sinestesia. Es como ver música…

No soy la única que puede identificar el talento, pero no todo el mundo tiene la generosidad para admitirlo. Para hacer una buena crítica, para dar ánimos, para convencer como lo hace Antón Castro del talento de Alejandro:

“Pájaros de cierzo en el bosque

Alejandro Cortés tiene algo de torbellino. Siempre anda de aquí para allá con la cabeza inundada de proyectos. Pictóricos, escultóricos, fotográficos, videográficos o de ilustración.

Es un creador hiperactivo, de esos seres que pasean por la vida con un manojo de papeles, de delirios y de sueños en los bolsillos o en el cerebro, de esos que concentran la fuerza del mundo y el temblor de la belleza en un portfolio. Te encuentras con él, o recibes de golpe su llamada, y tienes la sensación de que hay varios Alejandro Cortés: uno anda por Córdoba, otro sueña con marchar a Roma o a Venecia, otro cruza el Pacífico para hacer un máster de guión o para completar un proyecto de vídeo. O si no, cuando llega la primavera, como si fuera el embajador de quimeras o un caballero medieval con mando en plaza en Farasdués, recibe gentes y gentes del arte, de la música, de la literatura, del periodismo, y es capaz de lograr un caserón de leyenda donde sus artistas comen, beben, conversan y enredan con la creación.

Alejandro siempre sorprende. Y envuelve por contagio irresistible de entusiasmo. Vuelve a hacerlo ahora con este trabajo de un acentuado sentido lírico, una alegoría del silencio y sus magias: se trata de un bosque de raíces, de una escenografía onírica con invisibles presencias, con pájaros de fuego. En este bosque dialogan la tierra y sus misterios con los árboles y la luz. La propuesta tiene una atmósfera de cuento de hadas y a la vez de naturaleza pintada o de paisaje esculpido con el soplo de un dios oculto. Alejandro, con la sutileza de un miniaturista, crea un microespacio que congrega su memoria de infancia, el rastro de un paraíso hecho de sedimentos, de texturas y del murmullo del cierzo que empuja y empuja los recuerdos”.

Antón Castro tampoco puede evitar el talento. Escribe con las tripas, con generosidad y claro, con talento…El tríptico de la Exposición que podréis ver hasta el 25 de febrero en la CAI es también una obra de arte ¿O no?

Tríp A. CORTÉS

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