NOCHE DE REYES MAGOS

Esta mañana, según abrí los ojos me acordé de la última noche en la que esperé a los Reyes Magos en mi casa, en el barrio Primera Junta, en Santiago del Estero, Argentina. Era una de esas noches especiales, calurosas, iluminadas. Una noche de esas en las que cuesta dormir porque parece de día.

Preparamos como todos los años los zapatos (los mejores, claro) ordenados de mayor a menor (también así dejaban los Reyes los juguetes) en la ventana del salón que se quedaba abierta de par en par. Junto a los tres pares de zapatos, un poco de hierba para los dromedarios y una gran palangana con agua. También dejábamos algunos sabrosos bocadillos de pan dulce para los Reyes. En verdad me los imaginaba gigantes montados en unos animales que sólo había visto en fotos o dibujos dando vueltas por el barrio con una lista en la que sólo figurábamos los niños que nos habíamos portado bien (nosotras estábamos en esa lista, siempre). Tarde, muy tarde, mi madre ya no podía con nuestra emoción y nos decía: ?¡A la cama o los Reyes, por miedo, no pasarán si están despiertas?.

Yo tenía, como todos los años, la intención de verles en el preciso momento en el que me dejasen los juguetes. Aunque ese año fue diferente. Había puesto a prueba a los Reyes Magos. Había pedido lo que me mi madre denominaba: ?un ser vivo?. Había pedido un perrito y la duda era si los Reyes podían o no, cargar con el pequeño animal en semejante viaje. Aquella noche, todo quedó preparado. Los sillones lejos de la ventana, para hacer sitio, una luz encendida para que vieran bien nuestros zapatos con nuestros nombres, sus cartitas y, por supuesto, aquel pequeño manjar navideño.

Esa noche fue especialmente calurosa, ya sabéis que mientras aquí nos morimos de frío, en el otro hemisferio están justo en la estación del año contraria. En fin, hice un gran esfuerzo y me desperté la primera. Incluso creo que todavía era de noche. También desperté a mis hermanas que por esos juegos de la memoria, recuerdo menos emocionadas que yo, pero claro, esa es otra historia. Total que en el tiempo récord en el que crucé de la habitación al salón sólo pensaba: ?es imposible que me traigan el perro porque? ¿Cómo iba el pobre perro a sobrevivir semejante viaje?? Sin embargo, cuando encontré una pequeña muñeca en mis zapatos, me quedé de piedra. Dura, frente a la evidencia auque claro, era lo lógico. Aún así, me decepcioné.

Mis hermanas llegaron por detrás y comenzaron a jugar, felices. Por cierto los juguetes jamás estaban envueltos ¿Sigue siendo así? Claro, los juguetes venían sueltos en una especie de saco que los Reyes traían (todo muy rustico, ¿lo estáis imaginando no?). Llegaban con sus sacos en los que había de todo y mientras leían nuestras cartitas, revolvían en los sacos buscando lo que habíamos pedido. Así por la mañana, los jueguetes simplemente estaban allí puestos sobre los zapatos. El salón era todo un espectáculo. Parecía que por allí habían pasado tres hombretones con sus caballos-camellos ?así lo veía yo?, el pan, mágicamente había desaparecido, del agua del tampoco había ni rastro. Y de la hierba sólo quedaban tres o cuatro gajitos desperdigados por el salón. Efectivamente habían estado allí, pero? ¿Qué pasó con mi regalo?

Otra vez, me encontré en el pasillo del salón sin saber muy bien a dónde ir. Creo que el objetivo era encerrarme en mi habitación con la muñeca en la mano, ya sabéis, a sufrir, cuando me encontré de frente con un pequeño pequinés marrón. Gracioso, más bien feúcho y desgarbado que lloraba y movía la cola total y comprensiblemente más confundido que yo.

De aquella noche, me he acordado hoy al abrir los ojos. Quizás es la temperatura que más que alejarme de aquellos calurosos recuerdos de la infancia, los ha avivado. Quizás es la morriña que dicen los gallegos? O aquel post que leí ayer? Aquel sobre la lucha entre Santa y los Reyes. No sé, lo cierto es que hoy simplemente me ha apetecido recordarlo en unas cuantas líneas.

Termas de Río Hondo, Santiago del Estero, Argentina

Feliz día de Reyes a vos también.

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7 comentarios en “NOCHE DE REYES MAGOS

  1. Genial, me ha hecho recordar muchos días de Reyes de la infancia… En este día todos volvemos a ser niños!

  2. Lo que más me ha chocado es que yo les dejaba mandarinas, leche y galletas o turrón. También son curiosas las sutiles diferencias como que mis reyes magos iban montados en camellos y los tuyos en dromedarios jaja. Bonita historia!!! ¿Qué fue de la muñeca?

  3. Hola Sergio, gracias por tu comentario. Aunque no lo creas, la muñeca tardó años en desaparecer. La encontraba en los lugares más insospechados: buscando la ropa de invierno, la de verano; entre los trastos, entre los adornos de navidad. Fue una especie de ?símbolo? que me recordaba todo el tiempo aquella noche de Reyes?

    Mariela

  4. gracias por compartir tus recuerdos. ya sabes, yo tambien esperé los Reyes en las noches calurosas de Santiago… Aunque aqui en España, las revivo con mis hijos, con la misma ilusion y con frio!!!. Nada mas que esta vez la que se atraganta con los bocadillos por temor a que me pesquen mis niños soy yo.

  5. Gabriela, gracias, gracias, gracias por leernos.
    Debe muy especial eso de convertirse en la ilusión y en la fantasía de los hijos.
    Un abrazo santiagueño.

    M.

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